El Nacional - Domingo 23 de Mayo de 2004 B/10
 

Cultura y Espectáculos

Seis artistas emergen del Salón Pirelli

Es uno de los encuentros de jóvenes talentos más esperados. Para algunos, en su historia resguarda la fama de acaparar la atención sobre nuevos lenguajes y tendencias del arte. Para otros, reúne más de lo mismo.
Sin duda, sus ganadores son seguidos de cerca por curadores, críticos y galeristas.
He aquí un perfil de los más destacados participantes de esta edición, que viajará próximamente a Maracaibo, Valencia y Puerto Ordaz


Karina Sainz Borgo



En él han se han inscrito los nombres que configuran un panorama de la plástica venezolana más contemporánea.

Hoy, transcurrida más de una década desde sus inicios, y alcanzada ya su VI edición, el resultado del Salón Pirelli de Jóvenes Artistas pone en el tapete nuevos signos expresivos. Según Ruth Auerbach, integrante del jurado calificador, y Luis Angel Duque, curador de la muestra, las obras premiadas lograron disolver un cierto despliegue tecnológico que comenzaba a hacerse costumbre, para concentrase en propuestas formalmente más sencillas, e incluso artesanales, capaces de abordar con mayor solidez las relaciones con el espacio y el espectador. Seis artistas, todos ellos en edades comprendidas entre los 26 y los 32 años y en su mayoría egresados del Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón (Iuesapar), buscan formas distintas de hablar el lenguaje plástico y combinarlo con otros.

Paisaje en tránsito Daniel Medina tiene 26 años. Estudiante de sexto semestre –mención Pintura– en el Iuesapar, fue el ganador del primer premio del VI Salón Pirelli de Jóvenes Artistas con la obra Relación dialéctica realidad/ pensamiento, una pieza compuesta por fragmentos de planos cartográficos que cobran volumen a través de cajas. “Yo venía trabajando en las visiones del paisaje, de la ciudad y del diálogo que generan los objetos en el ambiente. Por ejemplo, esa relación, a veces forzada, de insertar lo externo, el mapa, el paisaje, en una caja de cartón”, explica.

Para la conversación rescata la idea del desplazamiento, el tránsito, y su correspondiente efecto transformador, que guarda referentes naturales en el discurso cartográfico.

“Tengo implícita la imagen de la ciudad, ¿sabes? El recogelatas mezclado con el concreto, el desorden, el gris de la calle con el verde del paisaje. Lo que hago es desarrollar esa hiperrealidad, el reordenamiento de las influencias a las que estamos expuestos, y más en un país como el nuestro que, incluso geográficamente, recibe de forma inconsciente mezclas de Picasso con el Chavo del Ocho”.

Medina lleva casi el mismo tiempo dedicándose a la pintura y a la música. En la primera ha trabajado aspectos tradicionales, como el óleo y el lienzo, y otros más diversos, como estopas, telas estampadas y medias de nylon; en la segunda, además de ser el baterista de la banda Los Cacris, adelanta un proyecto musical más experimental, denominado La Original, que involucra lo que él mismo denomina “imágenes sonoras”, recolectadas a través del sampleo o secuencias electrónicas. “Mis cuadros suenan como Led Zeppelin –dice, y hace una pausa–. Mejor dicho, mis cuadros suenan como La Original”.

Artesanal, mecánico y sonoro No lleva prisa, aunque aún debe desmontar la obra y asistir a una prueba de sonido de los Ex Integrantes, banda a la cual se unió tras la separación de la agrupación Perroroboto, de la cual era percusionista.

No sólo la música y las artes plásticas forman parte de su vida; también la mecánica, pues además de haberse graduado en el Iuesapar en mención Escultura, Enrique Moreno, a sus 32 años, es técnico superior universitario en tecnología automotriz.

Esa mezcla de oficios salta a la vista en su instalación Diinnn Doonnn, ganadora del segundo premio del Pirelli. “Siempre he tratado de construir mi trabajo con la mecánica sencilla; lo complejo radica en dónde y cómo ubico las piezas. Los objetos están colocados en distintos lugares y, al ser accionados, en algunos casos se puede ver de dónde proviene el sonido, en otros no. A veces el espectador escucha sin saber de dónde proviene o quién lo provoca. Hay que aprovechar ese juego, esa sorpresa”, explica, para luego mencionar su costumbre infantil de desarmar desde un juguete hasta un betamax, la cual terminó convirtiéndose en una investigación sobre la integración de la mecánica y el movimiento en el espacio museístico. Desde el año 2000, Moreno ha participado en varias exposiciones; entre ellas, el Segundo Salón Exxon Mobil, en el cual recibió mención de honor.

Diálogo imposible Eduardo Kairuz, arquitecto egresado de la UCV, se siente a sí mismo escindido en dos partes –la arquitectura y la plástica, propiamente– que se comportan casi de la misma forma en que lo hacen los monitores de su instalación Falla, ganadora del tercer premio del Salón Pirelli:
están una frente a la otra y, aun así, no logran comunicarse. “Yo estoy como picado por la mitad, y creo que eso es un poco lo que me he propuesto. En Falla, precisamente, utilizando materiales lowtech, cuestioné la tecnología y su inmediatez, porque en lugar de acercarnos, nos aísla. Ese tipo de historias no tiene espacio en la arquitectura, que forma parte mi trabajo, pero son dos procesos paralelos”.

Kairuz, quien ha participado en el desarrollo de proyectos urbanísticos y arquitectónicos con el equipo Caracas Urban Think Tank –en el cual se desempeñó como curador de la exposición Caracas Case y la cultura de la ciudad informal–, reconoce la presencia de fuertes referencias del videoarte de los años setenta y ochenta en su trabajo, así como el interés por la obra de artistas como José Antonio HernándezDiez o Javier Téllez.

Paradoja moderna Miguel Amat presentó Enciclopedia de los dispositivos de promesa venezolanos, ganadora de la primera mención. Con un trabajo asentado en lo fotográfico, la obra formula una serie de cuestionamientos sobre las representaciones o promesas de modernidad. Así lo señala el artista a lo largo del desarrollo textual del proyecto, el cual cuenta con una serie de imágenes de construcciones o lugares emblemáticos, muchos de ellos casi en ruinas, como, por ejemplo, el Hotel Humboldt.

“Me interesó sobre todo la posibilidad de darle forma local a un fenómeno textual occidental que he llamado ‘dispositivo de promesa’, que la modernidad llevó a extremos ridículos. Este fenómeno textual tiene por condición que no funciona, o funciona mal. Allí reside su éxito. Porque mientras un dispositivo sirve para dar aptitud a algo, efectuarlo en un solo sentido; una promesa, por el contrario, sólo sirve para lograr un consenso con base en algo que no está”, comenta Amat, quien, además de graduarse en Artes Visuales en el Iuesapar y cursar estudios en las escuelas de Arte y Filosofía de la UCV, hizo un posgrado en Sistemas de Representación.

Arquitectura sampleada Las ciudades que construye son anónimas, asépticas, irrealizables.

Lucen como postales genéricas, donde, a través de planos superpuestos, el paisaje experimenta cambios aparentemente imperceptibles.

Marcelo Ertorteguy, estudiante del noveno semestre de Arquitectura en la UCV, tiene 26 años y una breve carrera plástica, hasta ahora integrada por el primer premio de la Bienal de Arte de la Facultad de Arquitectura de la UCV (2001) y una reciente segunda mención en el VI Salón Pirelli de Jóvenes Artistas por la obra Ventana.

Su trabajo, centrado en un discurso que explora la fotografía, el video y la animación, implanta aeropuertos en las vitrinas y siembra montañas en los centros comerciales.

Ertorteguy define su propuesta como “arquitectura sampleada”, pues hace uso de la repetición, segmentación, modulación y composición de piezas, de la misma forma en que lo haría la música electrónica. A través de la recolección de fotografías, construye un banco de imágenes que, al igual que un banco de beats, conforma una paleta a partir de la cual escoge y superpone. El movimiento, y sus transformaciones, casi imperceptibles en las animaciones de esas fotografías, introducen, según Ertorteguy, “la paz que usualmente no existe en la ciudad”, despojándola de su característica inclemencia e insertándola en la ausencia de lugar.

Lo femenino, un bolero mudo Bernardita Rakos, artista de 27 años egresada del Instituto Federico Brandt y el Iuesapar, se encuentra actualmente en España, donde hace un doctorado en artes plásticas y una especialización en restauración y conservación.

Desde allí mantiene su discurso de aproximación a lo femenino.

Su trabajo ha sido expuesto en varias colectivas; entre otras, la IV y la V edición del Salón Pirelli, y más recientemente en el XI Premio Lorenzo Mendoza.

A diferencia de las obras que presentara anteriormente, Rakos sustituyó en esta ocasión el recurso de la instalación y el trabajo directo con el espacio, por la imagen. En Angustia, serie boleros, pieza que obtuvo la tercera mención honorífica de este Pirelli, la artista expone, a través de fotografías, un mensaje cifrado en lenguaje de sordomudos, el cual es representado por manos de largas uñas acrílicas pintadas.

“El cambio de medio representativo es lo más evidente. Creo que forma parte del proceso de cada artista, que, en su búsqueda de representar ideas, puede toparse con la necesidad de explorar en otras disciplinas del arte. En este trabajo, que es una serie, la idea era que, al conocer el nombre de la obra, Angustia, de la serie boleros, las personas pudieran en ese momento entender, si conocían la letra de la canción, lo que estaba escrito allí.

Había otras maneras de facilitar este proceso, como el de poner la letra del bolero al lado de la obra, pero creo que eso cortaría la posibilidad de las múltiples interpretaciones, lo cual me gusta y, me parece, le da una cierta libertad a la obra”, comenta. Bernardita Rakos ubica los referentes de su trabajo en el universo de los objetos domésticos e imágenes cursis; según ella, muchas veces “ligados a la imagen de la mujer y por ende a lo femenino”, aspecto que retomó no sólo en la estética kitsch de la angustia, sino también en la sentimentalidad asociada al bolero.


 
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